Si bien no sirve de nada estancarse en el pasado, a veces es el propio presente el que automáticamente te lleva a esos viejos recuerdos.
Hoy, después haber guardado un recuerdo en el baúl de "no vuelvas a pensar en ello", me han puesto la llave para abrirlo. Y no sólo la llave, sino otra perspectiva de ese recuerdo. Perspectiva que me ha servido para comprender que el ser humano no es tan complejo como lo pintan. Lo único complejo que tiene el ser humano es su propio organismo.
El ser humano se rige por una serie de normas que se impone cada individuo a sí mismo, y que lo convierten en una persona única, sí, pero con un patrón que puede repetirse en un ilimitado número de personas.
Hablo, concretamente, del patrón "egoísmo".
Pocas son las personas que no lo utilizan. La mayoría de las acciones de las personas son realizadas con el fin de su propio beneficio. Egoísmo puro y duro.
Sin ir más lejos, me viene a la cabeza un juego que nos hacían practicar en clase cuando estábamos en el colegio, mayormente.
Ese juego donde la profesora ponía a los alumnos en coro, le decía una frase al que tenía más cerca, y éste tenía que susurrarla al oído al compañero de al lado, gesto que tenía que repetir con su respectivo compañero, y así hasta llegar al último para cerrar el círculo.
El resultado siempre era el mismo. Lo que salía de la boca de la profesora nunca tenía nada que ver con lo que decía el último alumno del corro.
Y aunque siempre he pensado que este juego enseñaba algo, hoy he logrado entenderlo un poco más. Es exactamente lo que hacen las personas egoístas.
¿Cómo? Fácil. Siempre hay distintas versiones de los hechos. Si no las hubiera no existirían los abogados, ni los jueces, ni personas intermedias que ayuden a resolver el conflicto.
Porque todos, por muy objetivos que queramos ser, nos dejamos llevar por nuestro egoísmo y adaptamos nuestra versión de un modo en que quedamos más inocentes que culpables. La verdad es sólo una, cierto, pero aquí es donde entra el factor perspectiva.
Al igual que nuestro egoísmo nos auto-exime de toda culpa, la perspectiva consigue que la verdad sepa un poco mejor, hasta el punto de revertir la situación de forma que consigas irte de su lado.
¿Y a qué viene esto? A que yo tenía un recuerdo teñido por el egoísmo y la perspectiva adecuados para que doliera menos, y ahora que tengo otra perspectiva, la anterior no me parece tan reconfortante.
Quizás sea un error mío reabrir viejas heridas, pero esa herida no se habría abierto si se hubiera curado con una verdad objetiva y real, y no con una verdad adaptada a conciencia.

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