lunes, 16 de diciembre de 2013

A veces lo dejo ir, otras vuelve y me cala hasta el último hueso de mi esqueleto.
A veces vive en forma de monstruo fantástico, bajo mi cama, esperando a notar un mínimo de temor en mi cuerpo.
A veces se esconde entre sombras y se hace poderoso con las luces de un coche entrando por la habitación.
A veces ruge, otras proclama al silencio como su mejor arma.
Y en algunas ocasiones no necesita de rugidos ni silencios, de sombras o luces, de monstruos o soledad.
Porque a veces, no necesita ni existir para asustarte.
A veces me pregunto si el miedo tiene vida propia o si nosotros somos el alma del miedo.

En cualquier caso, el miedo está siempre, aún sin razón alguna para que esté presente.




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