Y nuestro café se enfrío;
se esfumó el calor
como el de mi piel al pensarte.
como mis ganas de buscarte
en el colchón,
en mi cintura,
en mis planes.
Saboreamos cada trago
notando cada sorbo más amargo...
No supimos disfrutar jamás
ni el principio ni el final.
Tratamos de alargarlo como pudimos
sabiendo que después de ese café
vendría el adiós
y que después del adiós
ya no vendría nada.
Y cuesta imaginar una nada con la misma persona
con la que un día no muy lejano imaginaste algo.
Finalmente nos levantamos
y mis pisadas huyeron de ti.
Y allí se quedaron los posos de un café
junto a nuestras ganas de ser algo.
Restos, todo restos.
Fue una tarde fría y amarga como aquel café,
de sorbos lentos y palabras rápidas,
de miedo a despedirse
habiéndonos despedido hace mucho.
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