jueves, 30 de octubre de 2014

Carta de despedida.

Y nuestro café se enfrío;
se esfumó el calor
como el de mi piel al pensarte.
como mis ganas de buscarte
en el colchón,
en mi cintura,
en mis planes.

Saboreamos cada trago 
notando cada sorbo más amargo...
No supimos disfrutar jamás
ni el principio ni el final.

Tratamos de alargarlo como pudimos 
sabiendo que después de ese café 
vendría el adiós 
y que después del adiós 
ya no vendría nada. 
Y cuesta imaginar una nada con la misma persona 
con la que un día no muy lejano imaginaste algo. 

Finalmente nos levantamos
y mis pisadas huyeron de ti.
Y allí se quedaron los posos de un café 
junto a nuestras ganas de ser algo. 
Restos, todo restos. 

Fue una tarde fría y amarga como aquel café,
de sorbos lentos y palabras rápidas, 
de miedo a despedirse
habiéndonos despedido hace mucho.


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