¿Qué probabilidades hay de...?
Todos cambiamos.
A mejor o a peor,
interior o exteriormente,
de manera gradual o creando una explosión.
Algunos cambian porque quieren,
porque lo necesitan,
porque los rayos se abren camino a través del pecho
y se convierten en un impulso inevitable de frenar.
Otros cambian porque las cicatrices
empapan la piel de recuerdos que acaban calando
bajo un 'de esto aprenderé', de un 'ya no más'.
Da igual cómo, cuándo o por qué (o quién),
pero no somos más que una versión desactualizada
de lo que está por latir.
¿Qué probabilidades hay de que encontremos a quien nos siga los pasos
en medio de este caos, de este torbellino de cambios y sentimientos?
¿Qué probabilidades hay de agarrar una mano capaz de aguantar
el más fuerte de los vendavales sin que salga despedida hacia otro sitio?
¿Qué probabilidades hay no ser tú quien salte por los aires?
Quizás sólo estemos para cambiarnos y avanzar.
Quizás no exista un camino fijo y las huellas se borren tras de ti,
y lo que viene no es más que la premonición de aquello que
tarde o temprano
se acabará borrando.

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