lunes, 30 de junio de 2014

"Te voy a decir ven y espero que lo dejes todo". Y lo dejé. Y con ella, mi corazón.



lunes, 31 de marzo de 2014

Sólo hasta que mi corazón de latir (por ti).

Sólo hasta que mi corazón deje de latir
por una sonrisa jamás besada sino en sueños.
Sólo hasta que mi piel
deje de llamarte a gritos en mi cuerpo
y querer en el tuyo vivir.
Sólo hasta que mi corazón de latir (por ti).

Sólo hasta que la luna llena
no refleje del brillo de mis ojos
en el mar que cada noche lloro
por no tenerte aquí a mi vera.
Sólo hasta que mi corazón de latir (por ti).

Sólo hasta que desaparezcas sin prisa
despacio, firme, tenaz,
como la arena que se pisa en la orilla
y después de tanto andar
vas dejando atrás.
Sólo hasta que mi corazón de latir (por ti).

Sólo hasta que mis huesos
busquen en cada sábana
algo más que aire y mantas
algo más que un cuerpo que no me dice nada
algo más que un simple sueño:  tu cintura, mis manos...
nuestro deseo, abrumante fuego.

Sólo hasta que mi corazón de latir (por ti)
y no te piense nunca más
es entonces cuando el fuego desaparecerá
y el mar de mis ojos
y las ganas de hacerte mía
cada despertar, se irán (sin ti).

Y encontraré en otros rostros el deseo,
Las ganas, y el temblor de mis huesos
Sin acordarme de ti, de tus ojos y tu mirar
De aquella sonrisa que nunca pude besar.

Y sólo entonces, quizás
borraré dos de tres
en puntos suspensivos
y esta vez,
será un adiós,

será un final.


lunes, 16 de diciembre de 2013

A veces lo dejo ir, otras vuelve y me cala hasta el último hueso de mi esqueleto.
A veces vive en forma de monstruo fantástico, bajo mi cama, esperando a notar un mínimo de temor en mi cuerpo.
A veces se esconde entre sombras y se hace poderoso con las luces de un coche entrando por la habitación.
A veces ruge, otras proclama al silencio como su mejor arma.
Y en algunas ocasiones no necesita de rugidos ni silencios, de sombras o luces, de monstruos o soledad.
Porque a veces, no necesita ni existir para asustarte.
A veces me pregunto si el miedo tiene vida propia o si nosotros somos el alma del miedo.

En cualquier caso, el miedo está siempre, aún sin razón alguna para que esté presente.




domingo, 29 de septiembre de 2013

"Comencemos a borrar viejos recuerdos para darle oportunidad a nuevas experiencias."

Si bien no sirve de nada estancarse en el pasado, a veces es el propio presente el que automáticamente te lleva a esos viejos recuerdos.
Hoy, después haber guardado un recuerdo en el baúl de "no vuelvas a pensar en ello", me han puesto la llave para abrirlo. Y no sólo la llave, sino otra perspectiva de ese recuerdo. Perspectiva que me ha servido para comprender que el ser humano no es tan complejo como lo pintan. Lo único complejo que tiene el ser humano es su propio organismo.

El ser humano se rige por una serie de normas que se impone cada individuo a sí mismo, y que lo convierten en una persona única, sí, pero con un patrón que puede repetirse en un ilimitado número de personas.

Hablo, concretamente, del patrón "egoísmo".
Pocas son las personas que no lo utilizan. La mayoría de las acciones de las personas son realizadas con el fin de su propio beneficio. Egoísmo puro y duro.

Sin ir más lejos, me viene a la cabeza un juego que nos hacían practicar en clase cuando estábamos en el colegio, mayormente.
Ese juego donde la profesora ponía a los alumnos en coro, le decía una frase al que tenía más cerca, y éste tenía que susurrarla al oído al compañero de al lado, gesto que tenía que repetir con su respectivo compañero, y así hasta llegar al último para cerrar el círculo.
El resultado siempre era el mismo. Lo que salía de la boca de la profesora nunca tenía nada que ver con lo que decía el último alumno del corro.

Y aunque siempre he pensado que este juego enseñaba algo, hoy he logrado entenderlo un poco más. Es exactamente lo que hacen las personas egoístas.

¿Cómo? Fácil. Siempre hay distintas versiones de los hechos. Si no las hubiera no existirían los abogados, ni los jueces, ni personas intermedias que ayuden a resolver el conflicto.
Porque todos, por muy objetivos que queramos ser, nos dejamos llevar por nuestro egoísmo y adaptamos nuestra versión de un modo en que quedamos más inocentes que culpables. La verdad es sólo una, cierto, pero aquí es donde entra el factor perspectiva.

Al igual que nuestro egoísmo nos auto-exime de toda culpa, la perspectiva consigue que la verdad sepa un poco mejor, hasta el punto de revertir la situación de forma que consigas irte de su lado.

¿Y a qué viene esto? A que yo tenía un recuerdo teñido por el egoísmo y la perspectiva adecuados para que doliera menos, y ahora que tengo otra perspectiva, la anterior no me parece tan reconfortante.

Quizás sea un error mío reabrir viejas heridas, pero esa herida no se habría abierto si se hubiera curado con una verdad objetiva y real, y no con una verdad adaptada a conciencia.