viernes, 30 de marzo de 2018

Probabilidades

¿Qué probabilidades hay de...?

Todos cambiamos.
A mejor o a peor,
interior o exteriormente,
de manera gradual o creando una explosión.
Algunos cambian porque quieren,
porque lo necesitan,
porque los rayos se abren camino a través del pecho
y se convierten en un impulso inevitable de frenar.
Otros cambian porque las cicatrices
empapan la piel de recuerdos que acaban calando
bajo un 'de esto aprenderé', de un 'ya no más'.
Da igual cómo, cuándo o por qué (o quién),
pero no somos más que una versión desactualizada
de lo que está por latir.

¿Qué probabilidades hay de que encontremos a quien nos siga los pasos
en medio de este caos, de este torbellino de cambios y sentimientos?
¿Qué probabilidades hay de agarrar una mano capaz de aguantar
el más fuerte de los vendavales sin que salga despedida hacia otro sitio?
¿Qué probabilidades hay no ser tú quien salte por los aires?

Quizás sólo estemos para cambiarnos y avanzar.
Quizás no exista un camino fijo y las huellas se borren tras de ti,
y lo que viene no es más que la premonición de aquello que
tarde o temprano
se acabará borrando.


lunes, 4 de mayo de 2015

calada de ti.

Me calas con tantas miradas
Que la RAE no tiene páginas suficientes
Para definirlas a todas,
Y me deja a mí registrarlas a fuego
En las alas de cada una de las mariposas
Que hibernan en mi estómago
Desde que el otoño que me habita dentro
Se les antoja más cálido
Que todos los campos de margaritas
En los que no estás.
Y cómo las entiendo.

Y es que me abrazas
Y parece que es el mundo el que se gira
Por la gravedad de tus movimientos,
Y las tormentas se quedan
En un burdo intento
Del estruendo que provocas en mis órganos vitales
- que para vital, tú -
Impactando latidos que doblan su velocidad
Cuando me miras
Cuando me tocas
Cuando me vibras.

Vivir en tu piel
Es como echarle un pulso a la suerte,
Como desafiar huracanes o reírme del frío,
Incapaz de atravesar tu piel curtida de miedos
Como lo hago yo
O como,
Sin pedir permiso -ni necesitarlo-,
Lo hacen cada una
De tus mil y dos sonrisas
Que componen las cuatro estaciones
Con una misma palabra en común:
Suerte.

viernes, 3 de abril de 2015

Inmortal.

Te hago inmortal, amor,
una vez más.



'Qué irónico que unas sábanas
brinden más calor a una suicida
que un puente.

Que unos cuantos besos
amarren más fuerte
que unas cadenas.

Que una mirada atraviese
el hilo que me cose
- y recose -
las siete mitades
de mi alma
y las hace una,
que envuelves en una sonrisa
y te autoregalas.

Qué irónico que tengas la nariz helada
todas las noches
y el corazón en brasas
capaz de desafiar 
al mismísimo invierno.'



jueves, 30 de octubre de 2014

Carta de despedida.

Y nuestro café se enfrío;
se esfumó el calor
como el de mi piel al pensarte.
como mis ganas de buscarte
en el colchón,
en mi cintura,
en mis planes.

Saboreamos cada trago 
notando cada sorbo más amargo...
No supimos disfrutar jamás
ni el principio ni el final.

Tratamos de alargarlo como pudimos 
sabiendo que después de ese café 
vendría el adiós 
y que después del adiós 
ya no vendría nada. 
Y cuesta imaginar una nada con la misma persona 
con la que un día no muy lejano imaginaste algo. 

Finalmente nos levantamos
y mis pisadas huyeron de ti.
Y allí se quedaron los posos de un café 
junto a nuestras ganas de ser algo. 
Restos, todo restos. 

Fue una tarde fría y amarga como aquel café,
de sorbos lentos y palabras rápidas, 
de miedo a despedirse
habiéndonos despedido hace mucho.


sábado, 4 de octubre de 2014

A veces el mundo se nos hace demasiado grande, o nosotros nos volvemos demasiado pequeños, sintiéndonos indefensos, vulnerables e incapaces de comprender a cada paso que damos que las huellas que vamos dejando atrás se borran y que no puedes estancarte en el pasado, ni vivir de recuerdos.

Paren la vida, que yo me bajo aquí.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Déjame decirte...

Déjame decirte que la magia no está en los cuentos
ni en las hadas.
Que se crea en sus labios cuando me besa
y termina en mis clavículas en forma de mordisco.

Déjame decirte que la belleza no es sólo física
y que lo más bonito que ha pasado por mi vida
no ha sido ella
ni sus ojos, 
ni su sonrisa.

Ha sido la magia de sus labios,
su calor al otro lado de la cama
o en el mío.
Porque quién quiere tener un lado de la cama
teniéndola a ella.
Porque quién quiere cuentos o fantasía
pudiendo vivir en sus brazos.




jueves, 4 de septiembre de 2014

Y menos mal.

Me sé de memoria el mapa que forman los lunares de tu espalda
tanto que, pienso creo siento
es la constelación más hermosa que he visto
y mira que me he tirado horas mirando las estrellas.
Pero ya no hace falta
estás aquí.

Me sé de memoria esa curva tan bonita
 que acontece de tu sonrisa
que ilumina el aire,
el agua del mar
esta habitación, la tuya y mi vida.
Esa bendita curva de tu sonrisa
ese bendito olor que hay en tu cuello
en tu pelo
en tu boca
y en todas tus camisas.

Me sé de memoria lo que quieres que te susurre
y cuando quieres que te grite.
Ese punto de éxtasis en el que no puedo respirar
porque sólo puedo verte a ti,
tocarte a ti,
sentirte a ti.

Y qué dulce es morir sobre tu cuerpo.
Como las hojas que van cayendo cuando se marcha la primavera.
Despacito. Como los caracoles.
Como paseando por ese río en el que suena esa canción.
Te dije que tengo miles de canciones ligadas a un recuerdo pero
si te soy sincera sólo hablaba de ti.
En todas ellas.

Partituras de canciones que se baten en el aire
con la luz de tu sonrisa.
Yo que pensaba que no había nada más bonito
que la luna de madrugada
y entonces tú.

Y menos mal que me llenas la vida de flores
y las noches
(los días las madrugadas)
de besos
qué suerte que tus palabras
qué suerte que
 tus caricias tus miradas infinitas
qué suerte que tú,
y menos mal que no hay nada más poderoso
ni bonito
en el mundo entero
que tú.

Gajes del sueño.

Soñé contigo. Soñé que te miraba. Soñé que en un rincón de mala muerte te decía ''me he enamorado de ti''. De noche, porque siempre preferimos la noche. Y lloraba, no demasiado, algunas lágrimas que brotaban de miedo al no poder controlar mis palabras. Y tú mirándome. Ahí estabas delante con ese sentimiento inadaptado. ¿Dónde colocarlo? ¿Donde dejarlo? ¿En qué esquina tirarlo?

Y entonces sonaba esa música en piano que tanto me gusta. Y me abrazabas, pero en el fondo sabía que estabas desapareciendo. ¿Cuál es el punto exacto en el que hay que dejar ir? 
Somos egoístas.

Allí en aquel rincón me congelé de frío y me quedé sola. Sola de soledad que embriaga la noche y de mi sonrisa que se acababa de esfumar. 

Y lo sé.

Tú no me vas a salvar de nada
pero
no quiero que me salves
húndeme
vamos
ahógame

dame esa puerta al infinito.

viernes, 4 de julio de 2014

No hay nada más ridículo que ensalzar tus estudios intentando desprestigiar el de los demás. Ni el Bachillerato de Artes es dibujar arbolitos, ni Magisterio escribir cuentos, ni un Superior de Fotografía es echar un par de fotitos en la calle, ni la carrera de Musicología es tocar tres notitas con la flauta, ni un Superior de Cocina es hacer macarrones.
Personalmente creo que cada persona se adapta mejor a un tipo de estudio pensando en lo que quiere y, obviamente, lo que se le da mejor, y lo importante, al fin y al cabo, es que te estás preocupando por tu futuro y estudiando. Y precisamente porque se te da bien obtienes buenos resultados, algo que luego es objeto de burlas con la típica frase de "es que lo que tú haces es muy fácil".
La prepotencia en este tema sólo sirve para forjarte una mente cerrada y llena de prejuicios que alimenta una sociedad vacía y carente de ideales que habla sin saber.

lunes, 30 de junio de 2014

"Te voy a decir ven y espero que lo dejes todo". Y lo dejé. Y con ella, mi corazón.



lunes, 31 de marzo de 2014

Sólo hasta que mi corazón de latir (por ti).

Sólo hasta que mi corazón deje de latir
por una sonrisa jamás besada sino en sueños.
Sólo hasta que mi piel
deje de llamarte a gritos en mi cuerpo
y querer en el tuyo vivir.
Sólo hasta que mi corazón de latir (por ti).

Sólo hasta que la luna llena
no refleje del brillo de mis ojos
en el mar que cada noche lloro
por no tenerte aquí a mi vera.
Sólo hasta que mi corazón de latir (por ti).

Sólo hasta que desaparezcas sin prisa
despacio, firme, tenaz,
como la arena que se pisa en la orilla
y después de tanto andar
vas dejando atrás.
Sólo hasta que mi corazón de latir (por ti).

Sólo hasta que mis huesos
busquen en cada sábana
algo más que aire y mantas
algo más que un cuerpo que no me dice nada
algo más que un simple sueño:  tu cintura, mis manos...
nuestro deseo, abrumante fuego.

Sólo hasta que mi corazón de latir (por ti)
y no te piense nunca más
es entonces cuando el fuego desaparecerá
y el mar de mis ojos
y las ganas de hacerte mía
cada despertar, se irán (sin ti).

Y encontraré en otros rostros el deseo,
Las ganas, y el temblor de mis huesos
Sin acordarme de ti, de tus ojos y tu mirar
De aquella sonrisa que nunca pude besar.

Y sólo entonces, quizás
borraré dos de tres
en puntos suspensivos
y esta vez,
será un adiós,

será un final.


lunes, 16 de diciembre de 2013

A veces lo dejo ir, otras vuelve y me cala hasta el último hueso de mi esqueleto.
A veces vive en forma de monstruo fantástico, bajo mi cama, esperando a notar un mínimo de temor en mi cuerpo.
A veces se esconde entre sombras y se hace poderoso con las luces de un coche entrando por la habitación.
A veces ruge, otras proclama al silencio como su mejor arma.
Y en algunas ocasiones no necesita de rugidos ni silencios, de sombras o luces, de monstruos o soledad.
Porque a veces, no necesita ni existir para asustarte.
A veces me pregunto si el miedo tiene vida propia o si nosotros somos el alma del miedo.

En cualquier caso, el miedo está siempre, aún sin razón alguna para que esté presente.




domingo, 29 de septiembre de 2013

"Comencemos a borrar viejos recuerdos para darle oportunidad a nuevas experiencias."

Si bien no sirve de nada estancarse en el pasado, a veces es el propio presente el que automáticamente te lleva a esos viejos recuerdos.
Hoy, después haber guardado un recuerdo en el baúl de "no vuelvas a pensar en ello", me han puesto la llave para abrirlo. Y no sólo la llave, sino otra perspectiva de ese recuerdo. Perspectiva que me ha servido para comprender que el ser humano no es tan complejo como lo pintan. Lo único complejo que tiene el ser humano es su propio organismo.

El ser humano se rige por una serie de normas que se impone cada individuo a sí mismo, y que lo convierten en una persona única, sí, pero con un patrón que puede repetirse en un ilimitado número de personas.

Hablo, concretamente, del patrón "egoísmo".
Pocas son las personas que no lo utilizan. La mayoría de las acciones de las personas son realizadas con el fin de su propio beneficio. Egoísmo puro y duro.

Sin ir más lejos, me viene a la cabeza un juego que nos hacían practicar en clase cuando estábamos en el colegio, mayormente.
Ese juego donde la profesora ponía a los alumnos en coro, le decía una frase al que tenía más cerca, y éste tenía que susurrarla al oído al compañero de al lado, gesto que tenía que repetir con su respectivo compañero, y así hasta llegar al último para cerrar el círculo.
El resultado siempre era el mismo. Lo que salía de la boca de la profesora nunca tenía nada que ver con lo que decía el último alumno del corro.

Y aunque siempre he pensado que este juego enseñaba algo, hoy he logrado entenderlo un poco más. Es exactamente lo que hacen las personas egoístas.

¿Cómo? Fácil. Siempre hay distintas versiones de los hechos. Si no las hubiera no existirían los abogados, ni los jueces, ni personas intermedias que ayuden a resolver el conflicto.
Porque todos, por muy objetivos que queramos ser, nos dejamos llevar por nuestro egoísmo y adaptamos nuestra versión de un modo en que quedamos más inocentes que culpables. La verdad es sólo una, cierto, pero aquí es donde entra el factor perspectiva.

Al igual que nuestro egoísmo nos auto-exime de toda culpa, la perspectiva consigue que la verdad sepa un poco mejor, hasta el punto de revertir la situación de forma que consigas irte de su lado.

¿Y a qué viene esto? A que yo tenía un recuerdo teñido por el egoísmo y la perspectiva adecuados para que doliera menos, y ahora que tengo otra perspectiva, la anterior no me parece tan reconfortante.

Quizás sea un error mío reabrir viejas heridas, pero esa herida no se habría abierto si se hubiera curado con una verdad objetiva y real, y no con una verdad adaptada a conciencia.


miércoles, 29 de mayo de 2013

En sus entrañas...



Todas las mañanas se levantaba al alba y rociaba su semblante con polvos de arroz, lo cual daba un toque pálido y aterciopelado a su piel blanca de por sí. Peinaba sus cabellos de oro con sumo mimo, desenredando las suaves ondas con los dedos mientras una canción alegre brotaba de sus labios. Se pellizcaba un poco las mejillas y engrosaba sus pestañas y acentuaba sus labios con un bálsamo de rosas. Rodeaba su cuello de perlas y capturaba sus formas en un esplendoroso vestido blanco que la mayoría de las veces brincaba libremente al compás de sus caderas.

-¿Dónde va tan hermosa, señorita? -le preguntaba su doncella cada mañana, embelesada con la extraordinaria belleza de su joven señora.

-A enamorar al mundo -respondía ella muy coqueta.

-¿Acaso busca el amor?

-Sí. Constantemente sueño con que me sorprenda, y puesto que habitúa a visitarnos sin nosotros haberlo previsto, he decidido que estaré preparada siempre. Visíteme el amor cuando me visite, que siempre los esperaré hermosa e ilusionada.

-Estoy segura de que ya hay cien jóvenes en la ciudad perdidamente enamorados de usted.

-Tengo algún que otro pretendiente -concedió la joven con modestia- pero me temo que mi corazón no se ha comprometido con ninguno de ellos.

-¿Ninguno es de su agrado? -tanteó la empleada.

-Todos me agradan, más a ninguno de ellos amo.

-¿Por qué no?

-No he sentido que mi corazón se encabritara con ninguno de ellos.

-¿Y ha de hacerlo? ¿Es un síntoma del amor?

-Claro que sí. El amor es una de las emociones más fuertes que experimentamos; es lógico esperar del corazón una reacción desmedida.

La doncella se encogió de hombros, no muy segura de haber comprendido el concepto del amor que tenía su ama. De todos modos, decidió que no importaba, ya que el amor no era algo que le fuera a dar de comer.

-Que tenga un buen día, señorita -le deseó la criada mientras se concentraba en sus numerosos quehaceres.

La joven dama salió de palacio, radiante como un día soleado, y su sonrisa enloqueció el corazón de todo aquel que la miró. Todos soñaban con conocerla y unir el nombre de ella al suyo propio. Formar pareja en boca de los demás, mientras otros ojos admiraban el indiscutible sentimiento que unía sus manos.

Cuando la muchacha se paseó por el mercado, un hombre que vendía flores la halagó con un enorme ramo de rosas rojas, y ella se las pagó con una sonrisa perlada. Continúo su camino hacia el inicio del bosque, donde los árboles protegieron su avance. El sol deseaba brillar en sus cabellos y peleaba por filtrarse a través de las hojas y alcanzarla. Poco a poco, el bosque la engullo en su pacífica calma y ella se perdió en la belleza de la naturaleza. Al fin llegó a un claro, donde un lago de aguas diamantinas reclamaba para su causa la mayor parte del terreno. La joven se sentó al borde de éste y se empapó las manos de nieve para refrescarse el pecho. Las rosas descansaban sobre su vestido blanco, y los pétalos que se habían desprendido de las flores lo salpicaban como gotas de sangre.

-¿Qué es el amor al fin y al cabo? -se dijo en voz alta, mientras estudiaba su reflejo en las aguas-. La fusión dedos rumbos que antes caminaban zancadas errantes. Porque, ¿para qué vivimos sino para amar? Nos esforzamos por amar cada detalle de nuestra existencia. Cada elemento que conforma nuestro día a día… Amaos, amar, porque necesitamos darle una utilidad al corazón. De otro modo, el vacío nos haría cuestionarnos nuestra existencia… Al final, siempre buscamos amar. No sabemos vivir de otro modo.

-Los hay quienes hemos aprendido a vivir sin él a viva fuerza -exclamó alguien de entre las sombras.

La joven dio un respingo y se volvió sobre sí misma, escudriñando las sombras en las que se refugiaba el bosque. Pero no descubrió a nadie.

-Créeme, te hago un favor al esconderme de ti -volvió a hablar la voz.

-¿Quién eres?

-El amor es bello y solo ama la belleza -siguió diciendo la sombra, haciendo caso omiso a la pregunta de la muchacha-. No es para monstruos como yo.

La joven olvidó su preocupación por la identidad del desconocido, y en cambio, sus ojos se colmaron de tristeza.

-¿Alguna vez has estado enamorada? -preguntó la voz.

-Sí, hace tiempo…

-¿Y cuando mirabas a esa persona te pareció algo bello?

-Lo más bello del mundo -afirmó ella.

-Tú eres lo más hermoso que he visto nunca -declaró el desconocido-. ¿Me dejas pues, contemplarte, aunque solo sea para saborear un espejismo de amor?

La joven se quedó callada, desconcertada por la extraña petición. En cierto modo le asustaba consensuar algo tan íntimo, ya que, aunque naturalmente siempre era observada por la gente, esta vez era diferente. Iba a ser una práctica unilateral, donde unos ojos que desconocía se recrearían en sus formas. La sombra debió captar la duda que echaba raíces en ella, por lo que suplicó:

-Por favor…

Y ella cedió. Sintió unos ojos expectantes recorrer su figura, y aunque llevaba muchas capas de ropa, sintió como su piel ardía, reaccionaba a ese íntimo calor que le llegaba desde algún rincón del bosque.

-Retírate el cabello para que pueda apreciar tu cuello, por favor.

Ella obedeció, acomodando su brillante cascada de oro en uno de sus hombros. El fuego de su mirada se concentró en ese punto, e inconscientemente, ella se llevó la mano a ese punto, como si quisiera calmar la piel que se erizaba bajo la atención de aquellos ojos que reverenciaban su anatomía. Su mano acarició el grácil gaznate que tantas veces habían alabado declarando que era tan sofisticado como el de un cisne.

-Déjame ver tus hombros, por favor -pidió la voz con la voz ligeramente ronca.

La muchacha trasladó su mano de su cuello a las mangas de su vestido, y tiró de ellas lo suficiente para que el desconocido quedara satisfecho. Al retirar el traje, el escote de la prenda también descendió, dejando entrever una buena parte del inicio de sus pechos.

No tardó en enfermarse del clima erótico que comenzaba a caldear el ambiente, y su respiración se aceleró mientras la piel le escocía implorando el ruego de una caricia. Así que cuando el extraña esbozó si siguiente petición, sus manos ya se habían adelantado.

-Tu corazón… -rogó él con la excitación palpable en su tono de voz.

Las manos de ella ya habían empezado a desatar los lazos frontales del vestido, liberando los senos que se alzaban contra la ropa, buscando el placer del roce. Al fin quedaron libres de la opresión del vestido, y se hincharon a la luz de la mañana, los ojos ávidos que gemían ante la visión. La joven recogió sus pechos entre las manos y jugueteó con las puntas de éstos, excitada como nunca antes lo había estado.

El extraño no volvió a hacer otra solicitud. Sus mentes se sincronizaron y ella se desnudó al completo, respondiendo al deseo de los dos. Cuando al fin el sol pudo acceder a cada rincón secreto de su cuerpo, la voz susurró maravillada:

-Eres tan hermosa…

La joven sonrío a las sombras y preguntó directamente:

-¿Dónde te gustaría que te sintiera?

El monstruo guardó silencio, conmocionado por su ofrecimiento. La joven orientó su rostro en todas las direcciones, sonriendo ampliamente, infundiéndole valor.

-En el centro de ti -respondió finalmente la bestia, con la voz áspera de deseo.

Ella deslizó sus manos a lo largo de su vientre, con lentitud intencionada, sumergiéndolos a los dos en un instante de expectación, dejando que la mente de ambos saborearan aquel momento precedente, aquella maravillosa impaciencia que los consumía en el mismo fuego. Al fin las puntas de sus dedos rozaron su centro, y ella cerró los ojos mientras jugueteaba consigo misma, atormentándose de manera placentera. Sus dedos frotaban su sexo y buscaban alargar ese perfecto instante hasta la eternidad. Sintió como un fuego poderoso se abría paso en sus entrañas, como sensaciones palpitantes recorrían cada fibra de su cuerpo… Su corazón se dilataba al aliento de esa llama… Y entonces lo sintió. Un cuerpo cálido, grande y fuerte pegado a su espalda. Una voz rasposa en su oído pidiéndole que cerrara los ojos… Unas garras enormes que describían la curva de sus senos… Y pese a la bestialidad que se advertía en su contacto, mientras la acariciaba, parecía que esas manos de dedos engarfiados estuvieran envueltas en guantes de seda.

No le importó su aspecto. En realidad, nada importaba salvo reconocer en él una pasión equivalente a la suya, un grito de placer compartido, un mismo viaje hacia un dulce olvido. Una invasión de sensaciones que hicieron frente abrazados, bebiendo de la fuente del mismo placer.

viernes, 4 de enero de 2013

Tantas cosas...


¡Cuántas veces he soñado en poder sentirme libre, en reencarnarme en rama! En esa que baila al ritmo del viento, o aquella que es tan alta, capaz de tocar el viento y llegar hasta el horizonte.
A veces he querido no ser humana...
Yo quiero ser aire, tocar con suavidad tus labios, besarlos sin que lo notes. Sentirme algo que puedas apreciar sin descubrir quién soy en realidad. Producir una sinfonía con un corto silbido, desordenar tus cabellos con mis manos imaginarias.
Contemplo el agua y me reflejo en ella. Yo quiero ser agua. Ser ola poderosa que lo arrase todo, o ser nítida y clara. Azul intenso, siempre mansa. Tú, sumergido en mi mundo marino. Tus manos golpeando mi pecho, y al salir hacia el exterior, saber que tú has estado dentro.
Una rosa, ser una rosa. Tan bonita por fuera, tan bella, tan delicada. Sentir cómo tus manos me arrancan de mi seno. Pero aun así, quiero estar contigo. Ver cómo tus ojos contemplan mis pétalos. Acercas tus labios, y en ese momento, yo intento ser tuya. Desprender un dulce aroma que te haga viajar al más allá, a un paraíso perdido en el fondo de tu ser.
Por un momento sentirme feliz. Pero luego, termina la fantasía. Yo, rosa. Soy para otra. Quizá sea tu hermana, quizá una amiga, pero los celos me ciegan y no veo más allá.
Endurezco mis defensas y se clavan en tu mano, brota un líquido rojo, que recorre tus dedos. Yo caigo al suelo, pero en ese momento, me doy cuenta de que has sido mío.
Yo quiero ser fuerte y necesaria, ser sol. Una gran bola de fuego de la que todos dependan y preguntarme entonces: ¿Qué harías sin mí? Salir de día, cuando todo es mejor, todo feliz. Te veo tan contento, siempre haciendo el bien a los demás. Todo eso aumenta mi felicidad y brillo. Me siento orgullosa de poder verte así. Pero luego, por las noches, mi camino se oscurece. Las fuerzas se me agotan y me voy desvaneciendo. Oculta tras la luna me pongo a pensar: ¿Para qué me sirve tanto poder si tan lejos tú estás y no puedo alcanzarte?
Luna plateada, raya de horizonte, imposible de alcanzar. Quieres ir hasta mí pero no sabes cómo ir. Por las noches puedes verme, y aunque acompañada estoy, aún espero en silencio que puedas estar junto a mí.
Deseo ser tantas cosas, cosas inalcanzables, pero capaces de soñar. Quiero serlo todo y no quiero ser nada. Quiero ser poderosa como el sol, o delicada como la rosa. Quiero acariciarte como el aire u ocultarte como el agua. Pero he descubierto al fin, que la única razón por la que quiero todo esto es que estés aquí. Y mis sueños ya se acaban, en esta hoja han volado hasta lo más alto del paraíso, para deciros:
“A veces he querido no ser humana...”


viernes, 26 de octubre de 2012

Conciencia.

Hoy vengo a hablar sobre una frase escrita por unos de los mejores escritores que existen actualmente en España. Hablo de Carlos Ruiz Zafón. La frase está sacada del libro "Marina" y dice así:

"Al fin y al cabo... ¿qué clase de ciencia es ésa, capaz de poner un hombre en la Luna pero incapaz de poner un pedazo de pan en la mesa de cada ser humano?"


Esta frase siempre me ha conmovido. Y es que si lo pensamos fríamente nosotros somos los únicos culpables de que atrocidades como ésta sigan tan presentes en nuestra vida.

Tenemos una serie de valores morales aprendidos desde la infancia, donde nos inculcaban que el valor de la vida humana estaba por encima de todo. Nada más lejos de la realidad.
Lo que parecía algo indispensable en nuestra vida ha pasado a ser una noticia más cada varios meses, donde sentados en nuestro cómodo sofá vemos y nos "consternamos" por las desdichas de millones de niños que cada día mueren de hambre, de frío. Por no hablar de las miles de familias desahuciadas, de la cantidad de personas que cada noche se buscan la vida por las frías calles de su ciudad.

Y después de saber todo esto, seguimos sin hacer nada. Seguimos llorándole a nuestros padres para que nos den más dinero para salir, para que nos compren caprichos que se nos antojan de vez en cuando y para tener al día nuestro armario.

¿Realmente tenemos derecho a "consternarnos" viendo cómo sucede todo y no haciendo nada?
Querer es poder.
Nosotros creamos este mundo.
Nosotros levantamos edificios, monumentos, puentes.
Nosotros construimos carreteras y vinculamos una ciudad de otra con innumerables vuelos diarios, trenes, autobuses.
Nosotros somos los que decidimos el curso de las cosas, y nosotros mismos nos sentamos en el sofá a esperar que todo cambie como si de un puzzle se tratase. Como si cada ficha de ese puzzle pudiera hacer algo por sí sola. No puede. Se necesitan todas para formar una construcción completa.

Una sola mente no va a cambiar nada.
Pero... ¿y si entre todos aportamos nuestro granito de arena?



lunes, 1 de octubre de 2012

Un latido inconfesable de pensar en ti cada mañana
Un sueño resquebrajado alimentado por tus miedos
Un dolor en el pecho que me mantiene atada al suelo
Un sentimiento reprimido de esperanza vana.

Me siento contrariada por todo esto que siento
Por cada lágrima derramada en cada intento
De haber buscado en tu sonrisa algo más
De lo que en realidad podías llegarme a dar.

Sé que el fallo es mío y no debí confiar
Pero me enseñaron desde cría a enfrentar la realidad
Sin mirar más allá del placer o del dolor
Quien no arriesga no gana y eso se aplica al amor.

Y aún así de nada me arrepiento
Porque aquellos momentos de alegría en mi vida 
Me darán la fuerza para luchar día tras día
Y recordar que si me duele es porque siento.

Y que si siento... merece la pena.
Si no luchas por aquello que sientes... ¿Por qué vas a luchar?